El Park Güell y el niño Cortázar
"Entre un año y medio y los tres años y medio de edad, yo viví en Barcelona, hasta que en 1918, una vez terminada la guerra, la familia pudo volver a la Argentina."
Tengo recuerdos pero no son precisos. Recuerdos que me atormentaban cuando era niño. Hacia los 9 o 10 años, de cuando en cuando me volvían imágenes muy inconexas y dispersas que yo no podía hacer coincidir con nada conocido. Se lo pregunté a mi madre: 'Mira, hay momentos en que yo veo formas extrañas, colores, como mayólicas con colores. ¿Qué puede ser eso?'. Y mi madre me dijo: 'Bueno, eso puede corresponder a que a ti, de niño, en Barcelona, te llevábamos casi todos los días a jugar con otros niños al parque Güell'. Así que, fíjate, mi inmensa admiración por Gaudí comienza quizá inconscientemente a los dos años"
Durante los años 60, 70 y 80, fue un asiduo visitante de la Ciudad Condal, y muchos le recuerdan. Por ejemplo, el crítico Joaquín Marco, quien fue su editor en la colección RTV de Salvat: "Causaba impacto por su físico: medía casi dos metros, tenía cara de niño, porque a pesar de su edad no tenía entonces pelo en la cara, a causa de una enfermedad que le retrasó los signos de la edad, no tuvo pelo hasta los 50 años, cuando se sometió a tratamiento. Le recuerdo hacia 1972-1973, llegando en una camioneta roulotte desde Francia. Me explicó que había dormido en la plaza Lesseps: 'La vi tranquila, aparqué y dormí'. Él veía la autopista como medio de conocer gente".
Sobre su aspecto juvenil, en sus visitas a Barcelona, bromeaba con la uruguaya Cristina Peri Rossi, que lo comparaba con Dorian Grey, ante lo cual el argentino replicaba: "Yo no me voy a despertar un día convertido en un anciano decrépito y asqueroso".

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